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¿Cuál es el papel de la familia en la prevención del VIH?

¿por qué la familia?

La familia tiene una gran influencia sobre los individuos que puede durar toda la vida. Incluso aquellos que ya no mantienen contacto con su familia, o que nunca lo tuvieron, también están afectados por su ausencia. La mitad de todas las personas con VIH se infectó durante la
adolescencia o al entrar en la edad adulta (entre los 15 y 24 años). Las intervenciones dirigidas a las familias lo antes posible en la vida de los niños ayudan a asentar prácticas y relaciones saludables que los mantienen alejados de los riesgos.

Para los fines de esta hoja informativa, la familia se define como aquellos individuos con quienes la persona haya crecido: el padre, la madre, los tíos, las tías, los primos, los abuelos o los padres de crianza temporal. Muchas familias también tienen lazos fuertes con la comunidad, la cual se convierte en otra influencia poderosa. No comentaremos sobre las familias de elección, tales como las redes sociales íntimas.

¿cómo influye la familia?

La estructura familiar ayuda a la familia, y particularmente a los hijos, a protegerse de conductas riesgosas sexuales y de consumo de drogas. La unidad familiar y la comunicación entre padres e hijos son fundamentales para asegurar conductas saludables. Asimismo, cuando existe poca unidad familiar y poca confianza para hablar con los adultos en su vida, los jóvenes están más propensos a participar en actividades riesgosas.

Los adolescentes que se sienten unidos a su familia y perciben que sus padres están atentos a sus necesidades tienden a postergar la iniciación sexual, a protegerse contra el embarazo y a tener menos embarazos e hijos. Dos aspectos clave de la paternidad que influyen en la conducta de los adolescentes son la convicción de que sus padres saben con quiénes andan y adónde van cuando no están en la escuela o en casa.

Los jóvenes homosexuales pueden tener muchas dificultades para revelar su identidad si sus familias tienen fuertes creencias religiosas que acentúan la importancia del matrimonio y la reproducción. Los jovencitos pueden temer que sus padres se avergüencen de tener un hijo homosexual o que se decepcionen si no se casan y tienen hijos. Esto puede conducir a la interiorización del sentimiento de vergüenza y a la disminución del amor propio, lo cual contribuye a las prácticas arriesgadas.

Un niño que crece en una familia en la cual el estrés, el alcoholismo, el uso de drogas y la violencia doméstica son habituales puede repetir estos comportamientos al llegar a la edad adulta. Muchos alcohólicos y usuarios de drogas tienen antecedentes familiares de alcoholismo y drogadicción, así como altos niveles de violencia doméstica. Además, a veces son los familiares mismos quienes ofrecen a los jóvenes la primera fumada de marihuana, el primer trago de alcohol o la primera inyección de drogas.

El maltrato físico, el abuso sexual y el descuido muchas veces llevan a prácticas sexuales riesgosas y al uso de drogas durante la adolescencia y la edad adulta. Un estudio de personas que abandonaron el mantenimiento con metadona encontró que durante su niñez el 36% fueron víctimas de abuso sexual, el 60% de maltrato físico, el 57% de maltrato emocional, el 66% de descuido y el 25% de las cuatro experiencias. Las personas con antecedentes de maltrato durante la niñez reportaron un mayor número de parejas sexuales y aquellas que fueron descuidadas tenían más probabilidades de ser VIH positivas.

¿qué pone a las familias en riesgo?

Con frecuencia, las familias que tienen problemas producen niños con problemas. La tensión emocional, la pobreza, la violencia y el abuso de drogas en la familia disminuyen la unidad, comunicación y tolerancia entre la familia. Consecuentemente, estos jóvenes sufren más maltrato y descuido, y participan más en prácticas riesgosas sexuales y de uso de drogas. Los barrios en donde hay pocas oportunidades de trabajo y altos niveles de consumo de drogas y violencia perjudican la conducta sexual de los jóvenes.

El trabajo y el cansancio debido al exceso de trabajo pueden tener un efecto considerable sobre la vida familiar. En todos los niveles económicos, el estrés laboral debilita la unidad y comunicación familiar. Cuando los padres trabajan jornadas largas y se sienten abrumados por el trabajo, no tienen tiempo para sí mismos ni para su familia.

¿qué se está haciendo al respecto?

El Collaborative HIV Prevention and Adolescent Mental Health Project es una intervención centrada en la familia, concretamente en las necesidades de los jóvenes afroamericanos y sus familias que viven en barrios urbanos con altas tasas de infección por VIH. El programa busca 1) abordar temas sobre conducta preadolescente, 2) concentrarse en factores relacionados con el niño, los padres y la familia y 3) emplear métodos que tomen en cuenta e involucren a la familia para reducir las altas tasas de infección por VIH. El programa ofrece grupos familiares, servicios para adolescentes y preadolescentes y enfatiza la importancia de la colaboración comunitaria.

Family to Family es una intervención estructural que fortalece la función de la familia y los lazos familiares. Diseñado para responder a una amplia gama de problemas sociales, el programa busca aumentar la comunicación familiar en una comunidad con altas tasas de violencia, abuso de drogas e infección por VIH. Por medio de grupos familiares y orientación sobre cómo afrontar los retos de la vida, el programa abarca temas como el perdón, la comunicación, la responsabilidad, el trabajo en equipo, las tradiciones familiares y el manejo del hogar.

Mientras que muchas escuelas y organizaciones comunitarias han empezado a ofrecer programas de reducción de daños para jóvenes gay/lesbianas/bisexuales/transexuales, existen pocos servicios que ayuden a sus padres. Grupos como Parents, Families & Friends of Lesbians & Gays (PFLAG) les ofrecen apoyo y orientación.

En San Francisco, CA, una coalición de organizaciones que sirven a hombres latinos gay y bisexuales lanzó una campaña en los medios de comunicación sobre la unidad familiar. Al investigar sobre el tema, la coalición encontró que las mujeres fueron identificadas de manera abrumadora como fuentes de apoyo: madres, hermanas, tías y primas. La campaña, “Las familias cambian, las familias crecen”, empleó carteles que mostraban a una madre que abraza al novio de su hijo, con el título: “Mamá conoció a mi novio, así que ya hay lugar para él también.”

Keepin’ it R.E.A.L.!, un programa para adolescentes y sus madres, aumenta los conocimientos de los padres sobre el VIH y la sexualidad así como su confianza para comentar estos temas con sus hijos. El programa brindó a las madres y a los jóvenes oportunidades de convivencia y acercamiento. Las madres también pudieron platicar unas con otras, y después del programa estaban más propensas a entablar una conversación con sus hijos adolescentes sobre el sexo. Las tareas escolares que piden que los estudiantes hablen con sus padres sobre temas sexuales pueden producir buenos resultados. Las tareas, que son obligatorias, permiten que los padres tengan la conversación con sus hijos sin tener que salir de casa.

¿qué queda por hacer?

Aunque muchos programas de prevención del VIH reconocen que las familias juegan un papel importante con respecto a las prácticas riesgosas, pocos ofrecen intervenciones para familias. Además de apoyar a las personas que ya practican conductas arriesgadas, los
programas deben apoyar a las familias para impedir las causas subyacentes que llevan a los adolescentes a ponerse en riesgo.

Para establecer la comunicación abierta y solidificar la unión familiar, es necesario poner atención especial en alentar a los jóvenes gays y lesbianas a hablar sobre su sexualidad, especialmente en aquellas familias con fuertes creencias sobre la importancia del matrimonio y la reproducción. Se prohíbe a los homosexuales y lesbianas casarse; no todos desean tener hijos y frecuentemente se les prohíbe adoptarlos. Las instituciones comunitarias como las iglesias y las escuelas pueden colaborar con los programas de prevención para conscientizar a sus miembros e inculcarles la tolerancia y la aceptación de identidades sexuales no tradicionales.

Con demasiada frecuencia, las mismas comunidades que han sido más afectadas por el uso de drogas, la delincuencia y la pobreza también tienen las mayores tasas de VIH y los menores niveles de apoyo familiar y comunitario. No obstante, las influencias externas negativas muchas veces se pueden superar con la ayuda de una familia unida. Se necesitan programas que fortalezcan a las familias, centros para padres de familia y líneas de ayuda telefónica, así como actividades recreativas y centros comunitarios con supervisión adecuada para que los padres sepan que sus hijos están protegidos cuando están fuera de la casa.


¿quién lo dice?

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Preparado por Lesley Green*, Bob Fullilove*, Pamela DeCarlo**
*Community Research Group, Columbia University, **CAPS

Traducción Rocky Schnaath

Septiembre 2003. Hoja Informativa 49S