¿Qué papel juegan las prisiones en la prevención del VIH, TB, HVC y ETS?
revisado 12/00
¿cuál es el impacto de las enfermedades infecciosas en cárceles y prisiones?
Las personas encarceladas también son nuestros vecinos. En los últimos diez años la población en cárceles y prisiones de los EEUU se ha duplicado. La sobrepoblación y la falta de personal son el mayor problema del sistema correccional. Muchos de los que violan la ley entran y salen de la cárcel con frecuencia, lo cual les convierte en participantes activos de la comunidad. En la medida en que las personas entran y salen de la cárcel igual lo hacen los problemas y las enfermedades infecciosas asociadas al encarcelamiento, tales como el VIH, la tuberculosis (TB), la hepatitis B y C (HVC) y las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS). 1
En los EEUU, los índices de muchas enfermedades son mayores en la población encarcelada que en cualquier otra. Entre los reclusos las tasas de VIH son de 8-10 veces mayores, las tasas de HVC son de 9-10 veces mayores y las de TB de 4-17 veces mayores que las de la población en general. 2 Esto enfatiza la necesidad de prevención y tratamiento en la población encarcelada.
¿están a riesgo de contagio?
Sí. La mayoría de los reos con enfermedades infecciosas llegan a la cárcel infectados. 3 Existen evidencias de que algunas infecciones ocurren durante la estadía en la cárcel, especialmente en el caso de la TB que se transmite en lugares cerrados y la HVC que se transmite con mucha facilidad.
El uso de las drogas intravenosas y de otras drogas ilícitas, el sexo sin protección y el tatuaje son prácticas de riesgo que pueden llegar a ocurrir dentro de la cárcel. Un reporte cuyo fin era el de estimar las conductas de riesgo en hombres de una cárcel californiana reveló que el tatuaje es una de las actividades de riesgo que mas prevalece. También se reportaron altos índices de sexo sin protección y de Usarios de Drogas Intravenosas (UDI). 4
En las prisiones federales, la razón mas común por la cual se termina en la cárcel es por drogas, con un incremento del 58% en 1991 al 63% en 1997. La cantidad de prisioneros federales que reportaron uso de drogas en algún momento también aumentó del 60% en 1991 al 73% en 1997. 5 Además, los que cometen delitos por motivo de drogas actualmente tienen mas posibilidades de recibir una sentencia mayor: la sentencia promedio aumentó de 47 a 80 meses entre 1980 y 1994. 6 No es una sorpresa que ésta población presente altos índices de infección con VIH y HVC.
El ciclo del encarcelamiento es una forma de vida para muchos prisioneros que han entrado y salido del sistema criminal desde la adolescencia. Durante su encarcelamiento, todas sus actividades están programadas y su comportamiento es regulado de manera muy estricta. Esta atmósfera no ayuda a los reos a ser responsables de su propia conducta, pieza clave en la prevención de enfermedades. 7 Además existen otros problemas implícitos que conducen al encarcelamiento como: historial de violencia, abuso sexual, adicción y discapacidad mental las cuales promueven el riesgo de las enfermedades. 7
¿por qué cárceles y prisiones?
La población encarcelada es la única que tiene acceso al sistema de salud por mandato constitucional. Muchos reos tienen un mínimo o ningún tipo de acceso a cuidados médicos una vez fuera del sistema correccional y desafortunadamente puede que éste sea el único lugar en el que reciben atención medica. La mejor oportunidad para llevar a cabo pruebas de detección de enfermedades infecciosas, programas de prevención y tratamiento con esta población es dentro de la cárcel.
Las cárceles y prisiones parecen ser el sitio ideal para educar y tratar el problema de las drogas. En los EEUU existen mas UDI en las correccionales que en centros de tratamiento de drogas, hospitales o agencias de servicios sociales. En 1997, solamente el 13% de todos los prisioneros estatales y el 15% de todos los federales que usaron drogas regularmente habían recibido tratamiento por uso de drogas desde su admisión. 2
En las cárceles de los EEUU las examinaciones de ETS o hepatitis son esporádicas, a pesar de que estas enfernmedades afectan a los reclusos desproporcionalmente. 8 Las cárceles y los prisiones pueden mostrarse renuentes a ofrecer pruebas voluntarias para la detección del VIH, ya que si los reclusos obtienen resultados positivos ellos por ley deberán tener acceso a medicinas costosas. La prueba de detección de la TB es la mas prevalente. En el 92% de los sistemas de prisiones y 51% de los sistemas carcelarios se llevan a cabo pruebas de detección de TB a toda persona que ingresa. 2
¿cuáles son los obstáculos en la prevención?
Las leyes que regulan la conducta en las prisiones pueden ser barreras en la prevención de infecciones. La actividad sexual (incluyendo el sexo de común acuerdo, violaciones, violaciones en grupo y sexo por supervivencia), el uso de las drogas y el tatuaje son ilegales en cárceles y prisiones; sin embargo, estas actividades ocurren. La gran mayoría de las correccionales prohiben la distribución o posesión de condones. Toda correccional prohibe poseer agujas/ jeringas. 2 Por esta razón, los reos que participan en actividades sexuales de riesgo y los que usan drogas no tienen los medios para protegerse de las infecciones.
Los prisioneros a menudo quieren celebrar su liberación haciendo cosas que se prohibían en la cárcel, muchas de las cuales implican un alto riesgo a las enfermedades infecciosas. Un estudio de reos latinos/hispanos en una prisión de California reveló que el 51% reporta haber tenido sexo en las primeras 12 horas de haber salido de la prisión. Los reos también indicaron su deseo por el "sexo puro" (sin condón). Además, un 11% reportó haberse inyectado drogas el primer día que salió de la prisión. 9
¿qué se está haciendo?
En la única prisión del estado de Rhode Island, un programa muy bien integrado se encarga de atender las necesidades de los prisioneros dentro y fuera de la cárcel. El programa lleva a cabo pruebas rutinarias de detección del VIH a todo recién ingresado. A los prisioneros VIH+ se les provee tratamientos que incluyen medicinas antiretrovirales, análisis ginecológicos y consejería para el abuso de las drogas. Los planes para aquellos que están por salir incluyen establecer vínculos entre ex-convictos y servicios comunitarios. Después de haber salido de la prisión, el 83% de las mujeres VIH+ continuaron el tratamiento medico, y 68% establecieron contacto con un programa comunitario para el tratamiento por abuso de drogas.10
El Centro Correccional del Condado de Hampden, MA ha desarrollado un sistema comunitario de cuidados médicos que vincula a ex-convictos con servicios educativos y cuidados médicos dentro y fuera de la correccional. Los doctores de los centros de salud de los vecindarios donde residen los prisioneros, asisten a la cárcel para brindarles tratamiento y continúan atendiéndoles una vez libres. Las personas encargadas de manejar cada caso se encargan de diseñar un plan de salida, y una enfermera de tiempo completo se dedica a atender a los reos con enfermedades serias o crónicas. Este sistema ha demostrado su efectividad y bajo costo, ha logrado disminuir las tasas de re-encarcelamiento y ha aumentado la cantidad de reos libres que reciben atención médica. 11
El "Centerforce Health Program Division" (un programa con base en la prisión) trabaja en dos prisiones californianas con el personal y los reos ofreciendo prevención y educación completa sobre VIH, hepatitis y ETS. Los reos son capacitados para educar a sus compañeros (peer educators), orientar a los recién ingresados y junto con el personal del Centerforce, proveer educación y prevención secundaria para los reos VIH+. Centerforce ofrece también manejo de casos de prevención para los presos que están por salir. Centerforce organiza ferias de salud para éstos ultimos para que conozcan a los proveedores de servicios comunitarios. Los hombres que recibieron educación antes de salir, estuvieron significativamente mas propensos a usar un condón la primera vez que tuvieron sexo una vez liberados. 12
¿qué queda por hacer?
El éxito de las labores de prevención con los reclusos sólo es posible con la colaboración de ellos mismos, del personal del centro correccional y de las organizaciones comunitarias y de salud. Para lograr esta colaboración es necesario trabajar arduamente ya que estas instituciones muchas veces se desconfían mutuamente y pueden tener misiones diferentes. La participación de los reclusos o ex-reclusos como educadores es vital tanto en la educación como en la defensa de sus derechos. Los servicios educativos, sociales, psicológicos y médicos también deben colaborar; ya que muchos reclusos tienen triples diagnósticos tales como enfermedades infecciosas, abuso de estupefacientes y enfermedades mentales.
Los programas por abuso de estupefacientes-tanto en las prisiones, cárceles y en la comunidad (una vez fuera de la cárcel)-son sumamente importantes. Las leyes que impiden que los reclusos tengan acceso a condones y jeringas limpias o esterilizadas deben ser cuestionadas. Análisis y pruebas de detección voluntarias de VIH, ETS, TB y hepatitis deben ponerse disposición de todo recluso. Todo aquel con resultados positivos (incluso los UDI), deben tener acceso a programas integrales de tratamiento del VIH, HVC y otras infecciones.
¿quién lo dice?
1. Leh SK. HIV infection in US correctional systems: its effect on the community . Journal of Community Health Nursing. 1999;16:53-63
2. Hammett TM, Harmon P, Maruschak L. 1996-1997 Update: HIV/AIDS, STDs and TB in correctional facilities . Abt Associates, Inc.: Cambridge, MA; 1999.
3. Kendig NE. The state of correctional health care at the end of the millenium. Presented at the National Conference on Correctional Health Care. Ft. Lauderdale, FL. November 1999.
4. Kramer K, Zack B. Results from a focus group of inmates conducted on March 3, 2000. Personal communication.
5. Bureau of Justice Statistics. Substance abuse and treatment, State and Federal prisoners, 1997. Special report. US Department of Justice, Washington, DC. January 1999.
6. Drugs and Crime Data. Fact Sheet: Drug data summary. Office of National Drug Control Policy, Drugs and Crime Clearinghouse. July 1996.
7. Holmes L. Understanding the world of the HIV-positive offender and ex-offender. Presented at the 12th National HIV/AIDS Update Conference. San Francisco, CA; March 16, 2000. Abst. #426.
8. Puisis M. Update on public health in correctional facilities . Western Journal of Medicine. 1998;169:374.
9. Morales T, Gomez CA, Marin BV. Freedom and HIV prevention: challenges facing Latino inmates leaving prison. Presented at the 103rd American Psychological Association Convention, New York, NY; 1995.
10. Flanigan TP, Kim JY, Zierler S, et al. A prison release program for HIV-positive women: linking them to health services and community follow-up . American Journal of Public Health. 1996;86:886-887.
11. Conklin TJ, Lincoln T, Flanigan TP. A public health model to connect correctional health care with communities . American Journal of Public Health. 1998;88:1249-1250.
12. Grinstead OA, Zack B, Faigeles B et al. Reducing postrelease HIV risk among male prison inmates . Criminal Justice and Behavior. 1999;26:468-480.
Resources:
AIDS Education Project,
ACLU National Prison Project
1875 Connecticut Avenue NW, Suite 410
Washington, DC 20009
phone: (202) 234-4830fax: (202) 234-4890
AIDS in Prison Project
135 East 15th Street
New York, NY 10003
phone: (212) 673-6633fax: (212) 780-9878
www.aidsinfonyc.org/aip/
HIV in Prison Committee
California Prison Focus
940 l6th Street, #307
San Francisco, CA 94103
phone/fax: (510) 665-1935
www.prisons.org/hivin.htm
Diciembre 2000. Hoja Informativa 13SR